El Príncipe bajó del árbol más alto del bosque. No bajó de ningún caballo, porque caballo no tenía. Tampoco tenía capa, ni botas negras, ni castillo. Su Reino, era él. Él, con su mochila gastada, con sus jeans y su ventana imaginaria. No besó a la Princesa, pero a cambio le regaló un poema, una lágrima roja, una cajita de bombones y ...
Por supuesto que ella despertó de todas maneras. Lo quería de todas las maneras. El problema lo tuvo él cuando le regaló una flor violeta. La Princesa desmayó de amor. Y permaneció en su sueño para siempre.
"Has respondido con la vida entera.
Uno siempre responde con su vida entera
a las preguntas más importantes". S.M.