
Puedo estar en el pétalo de glicina que cae.
Estoy en una montaña contemplando la luna que acabo de pintar.
La nieve se derrite y la poesía baja en hilos, hasta perderse...
La barcaza que me lleva se mece entre oriente y occidente.
Y no estoy sola: niños y adultos juegan entre las olas.
Les muestro mi montaña, la luna y mi río.
Mientras, anhelo que puedan encontrar los suyos.
Estoy en una montaña contemplando la luna que acabo de pintar.
La nieve se derrite y la poesía baja en hilos, hasta perderse...
La barcaza que me lleva se mece entre oriente y occidente.
Y no estoy sola: niños y adultos juegan entre las olas.
Les muestro mi montaña, la luna y mi río.
Mientras, anhelo que puedan encontrar los suyos.
Querida Keiko:
ResponderEliminarUn pajarito de sol que va a saltando de palabra en palabra me saludó feliz,
tanto que hizo que derramara una lágrima.
Dejé un geranio pequeño, juntito a tu glicina y
te robé un poco de color para mi alma tantas veces melancólica.
Mónica