domingo, 17 de octubre de 2010

Versos libres

A mi madre
14-02-1983
escrito en el 2008


Jirones de telas plateadas
te envuelven seductores
como los brazos impiadosos de la muerte

un viento de nieve no me escucha
y se lleva tus últimas lágrimas de sangre


despierto del abismo de lo irreparable



tu corazón
un globo de papel rojo


.......................flota


sostenido por los hilos del recuerdo



olas de un mar agitado
dejan en la orilla de mis párpados

fotos...... .. y más ............. fotos

y sin pedir permiso
en una botellita
se llevan todos tus secretos


tu carne es polvo

.........................ceniza

................................arena

tierra fértil de mi vida
el lugar en donde susurras un arrorró
que trae lluvia


pétalos de glicina





A Miranda


... felicidad es guardarte nueve meses en mi vientre
y parirte
y regalarte el mundo
abrirte al mundo
amamantarte el mundo

a las tres
a las cinco
acunarte en desvelos
leerte
soñarte



domingo, 10 de octubre de 2010

Visitas

El huésped
revolvió entre los secretos
que yo escondía en mis cajas.
Los manchó de ajenidad.
Y después de llevarse
lo que nadie debió ver
me dejó
vacío de misterios.
Desnudo.
Delatado.

II - Tiranía del desborde
Sebastián Olaso






"Yo sólo quería saber cómo se llamaba y darle las gracias. Cuando estuvo lejos se volvió hacia mí y me disparó muchas veces haciendo una pistola con la mano. Yo no sabía qué hacer, pero como él seguía disparándome, me imaginé que lo mejor era caer muerta."


No comas renacuajos
Francisco Montaña Ibáñez




... secarse todo
y que no llore
sacarse todo
y que no enferme
vaciarse todo
y que no caiga
que no se esfume
que no se vuele
desplumarse las alas
quitarse las escamas
pelarse la cáscara
rasguñar la cicatriz
y que sangre
arrancarse la piel a mordiscones
y que sangre
desprenderse las uñas con un clavo
colgarse de la cruz cabeza abajo
sumergir la nariz en la pecera
y llenarse los pulmones de agua dulce
que no entre una gota de aire
una gota de sal
una gota
silenciarse los gritos
secarse los suspiros
vaciarse de espantos

para que no quede nada
para que quepa todo


Vaciarse todo (fragmento)
Sebastián Barrasa




"Hay una hora en la que se anhela ser uno mismo y lo inesperado, uno mismo y el momento en que la puerta que antes y después da al zaguán se entorna lentamente para dejarnos ver el prado donde relincha el unicornio."


Julio Cortázar





Supe que era el hombre de mi vida cuando le dio de beber al unicornio. Entonces me quedé en la orilla y lo esperé como quien cree en las bendiciones de la suerte. Lo rodearon los sembradores de nieve, la mujer de la sombrilla y la pequeña que vivía en una flor. Cuando pudo llegar a mi lado, me miró con la mirada que yo había perdido en incontables citas con mis sueños. Después, entró en el aire y se fue volando. Se fue perdiendo, hasta dejar la huella de lo que no tengo.


Revelación - La secreta sílaba del beso
María Cristina Ramos





jueves, 30 de septiembre de 2010

V - Otras voces


Mamá está rara. Muy rara. Y eso que el raro de la familia soy yo. Hace un tiempo que no habla sola. La escuché hablando con un unicornio, o no sé qué corno era. Ese coso hacía cosas extrañas, decía cosas que no hay que decir. Me di cuenta que son parecidas a las que yo digo a veces en la escuela cuando estoy aburrido. Y la seño me reta. Y la dire, peor. Me lleva a la rastra; me enojo y empiezo a pegar porque nadie me entiende. Entonces me siento tan solo como mamá desde que murió papá.


Me gusta que hable de vez en cuando. Un día de estos voy a hacerle una broma y le voy a contestar con la voz de ese coso. Capaz que la hago reír.




miércoles, 29 de septiembre de 2010

martes, 21 de septiembre de 2010

IV - Las escamas de un dragón


La crisis empeoró. Vendí la máquina vieja de coser de mamá. Empecé a vender los muebles del comedor. Nos quedamos con la mesita y las sillas de plástico del jardín. Un día miré a mi alrededor y vi que casi todo lo que nos rodeaba era de plástico. Nuestro lugar se iba encogiendo poco a poco: era una casa de juguete. Entonces, por primera vez en cinco años, recordé nuestros juegos con el Gordo. Escuché las cosas lindas que me decía. Que mis manos eran de hada; que hacía cosas hermosas con nada. Revolví lo poco que me quedaba en un cajón. Junté remeras viejas, retazos de telas, lanas de colores, botones caídos, puchitos de todo. Hasta la tanza de su caja de pescar que nunca quise tocar. Mezclé todo y armé un hada. Después, dos más. Las colgué en la ventana de casa. La pintura del marco se estaba descascarando. Miré al piso: parecían escamas de un dragón. Las guardé y se multiplicaron. Hice un dragón y una princesa. Cada noche volvía del trabajo a casa y armaba algo diferente. Casi sin darme cuenta, llené una caja con todos los móviles que había hecho.
Después de año nuevo pasó a saludarme Celina y se quedó a tomar unos mates. Le mostré mis trabajos. Al sábado siguiente me llevó a la feria de la estación. Me prestó un lugar en su puesto porque yo plata para pagarme uno no tenía. Esa tarde vendí la mitad de las cosas que llevé en la caja. Era día de Reyes y había kermese. Crucé con los chicos para darme el gusto de comprarles un choripán y pagarles un juego. Del otro lado del puesto del sapito vi al Gordo. Estaba parado y me guiñaba un ojo. Me sonreía. Pero no era el Gordo. Era Ruben.

lunes, 20 de septiembre de 2010

III - Los baños de Retiro


El 2001 me fue sacando de a poco los trabajitos que había conseguido. Si seguía limpiando las casas, las señoras cada vez me pagaban menos. Primero vendí mi cadenita de oro, después, el anillo de la abuela. Lo vendí y la recordé todo el tiempo. La recordé contándonos cuando llegó a la Argentina y trabajaba envolviendo caramelos en una fábrica, mientras el abuelo vendía diarios en el tranvía. Y nunca sintieron vergüenza.
Yo trataba de pensar en ella cuando iba al trabajo que menos me gustaba, pero que más plata me dejaba. ¿A quién le gusta ir a limpiar los baños de Retiro?... Durante varios meses pensé, con una puntada en el corazón: qué laburo de mierda. Veía caminar la vergüenza por mi cuerpo. Con el tiempo me di cuenta que hay otras miserias del hombre que dan más asco.


domingo, 12 de septiembre de 2010

Comunidad


Biriquinho me lo dijo, y yo le creí. Es tan fácil surfear un mamboretá, un escalón roto, una gota de vino en una copa de cristal. Con un par de trebolines todo se puede. Se pueden ver a través de una mirilla, en un millar de rutas de estrellas, de hormigas rojas que dibujan memorias de corazones. Hasta en un mostachol guiando dedalitos en medio del mar.


Qué bien la pasamos juntos. Recorrimos estaciones y puertos con trebolines de cuatro y seis hojas. Conocimos espadachines de estrellas. Juntar algunas y cartonear trebolines no tiene maldad, ni relojes controladores, ni es imposible.

Algunas veces, Biriquinho pierde una estrella y se pone a llorar. Entonces rompe tablas, cielos y cabezales. Se enoja. Y se transforma, porque es su esencia biriquique.




Por las madrugadas me llama desde un trebolar. Nos contamos nuestros vericuetos. Nos damos ánimo. Está comprobado que los biriquiques se entienden, aún sin bla, bla, bla.