sábado, 18 de julio de 2009

Sí y No




Entre todos los No y los Sí
gira la vida
y la poesía.


















miércoles, 15 de julio de 2009

El círculo del "No me gusta"

O

No me gusta la bronca
me da bronca la queja
de todo lo que no me gusta


I

No me gusta...
el pan que no cruje
el grano de pimienta del salamín en mi boca
el tostado que nunca llega
o el que llega quemado
la gaseosa sin gas
los cumpleaños sin globos


que el último fósforo de la caja no encienda
que la última pincelada arruine mi trabajo
que no encuentre el borrador que me gustaba tanto



No me gustan...
los días sin luz
las miradas sin color
el olor a ventanas con rejas y a puertas con candado
las bicicletas atadas a los postes
los pájaros caídos



No me gustan...
las palabras que no canto
los nudos en las lanas
el silencio del cobarde
los ojos que sólo lloran sus lágrimas
los miedos sin padre



No me gusta...
salir del texto
y no poder entrar descalza
perder el color del poema
perder el sueño
pisar la baldosa floja del olvido



No me gusta...
la lluvia ácida que nos seca
el ácido de las palabras
la piel lastimada
los huesos carcomidos
el veneno de las relaciones contaminadas




II

No me gusta...
el jardinero que no cuida sus semillas
la tierra seca
los bosques talados
las hormigas llevándose mi planta preferida
las flores marchitas de los cementerios
el requiem de sus voces



No me gustan...
las migas en la sábana
el corazón como un puño cerrado
la piedrita en el zapato
las huellas en la arena del reloj
los hombres sin abrazos
los niños sin pan y sin cama

que revises tantas veces tu bolso de viaje
que pierdas el último barco de papel.

miércoles, 8 de julio de 2009

lunes, 6 de julio de 2009

Subida por dentro



"Ciuda Lagui" - Xul Solar




Los dibujos de nuestras lágrimas pintan la ciudad
tres tulipanes naranjas llaman al sol
el viento se lleva el humo
el cielo baja al mar
la tierra bebe su lluvia
nos tapiza de todos los verdes.

Los que despiertan felices
suben a las terrazas
suben mil escaleras
suben mis escaleras
suben
se les derriten las palmas con el sol.

Una varita de mago baja del cielo
y enciende una estrella
salen a caminar
sin destino
tocan sus corazones
tocan mi corazón
se tocan
revisan los bolsillos:
chupetines de aire
escaleras desplegables
caramelos de sol
abrazos de viento
besos de lluvia
fósforos de pasión.

jueves, 2 de julio de 2009

Tiempo global




Tres lágrimas

Y mi corazón se nubló.



domingo, 28 de junio de 2009

Pobreza en el mundo





El ojo abierto que no ve
Una lenteja en un plato blanco
El lunar enfermo que opaca la luz de la mejor luna.





miércoles, 24 de junio de 2009

Zoom


Apagó el despertador a las seis y cuarto. De memoria, hizo el recorrido hasta el baño. Salió arrastrando los pies y con la cara un poco mojada. Cuando se asomó a la puertita de seguridad de la escalera, se encontró con una tranquera. La abrió. Apoyó el pie derecho en el primer escalón. Lo notó rugoso, alto; flotante, como una hamaca. Perdió el equilibrio, y se tomó del pasamanos. La baranda era flexible y suave, como el tallo de una enredadera. Descendió cada tronco envuelto en aromas y mareos de arrayanes, alerces, bosques de pinos y tierra húmeda. Las hojas se le pegaban a la piel. Escuchó el llamado del toc-toc de un pájaro carpintero, y un grito de bandurrias terminó de despertarlo. Al llegar al último escalón, una liebre se escondió por detrás. Pegó un salto y llegó al comedor. La alfombra había cambiado sus lanas rojas y verdes por matas de oxalis, amancays, lupinos y retamas. Los sillones eran arena fina; la araña, cinco soles. El cielorraso reflejaba un cielo profundo y sin nubes.
Se sentó en un muelle. Desayunó con centenares de niños, adolescentes y adultos, quienes se marcharon y caminaron hacia distintas montañas por senderos en tirabuzón. Los más viejos tomaban mate en lo alto de las araucarias. De a ratos, jugaban al ajedrez. Una bicicleta roja dormía apoyada en un pino; sin despertarla, subió. Un zorro puso su cola en flecha para señalarle el camino. Bordeó el camino de ripio acompañado por la danza de un abejorro; zigzagueando, llegó a las cabañas. Subió diecisiete escalones hasta el deck, y contempló largo rato el Chapelco. Se sintió inmensamente más fuerte.
Dejó sus ropas -una a una- en las astas de un huemul. Abrió la puerta, y con la punta del pie tocó el agua. Estaba increíblemente tibia. Con su ondulación despertó a los habitantes del lugar. Lo saludó una trucha arco iris; otra aleta se asomó y le tiró una hilera de perlas. Quiso tocarlas, mientras veía cómo se hundían. Entonces, se sumergió en sus aguas. Nadó siete lagos. Sin parar. Se renovó la piel y se limpió el alma.
Cuando llegó a la otra orilla, se sentó sobre una piedra. Se vistió. Se puso los zapatos. Miró. Miró todo. Y vio qué chiquita era su casa.