lunes, 22 de febrero de 2010

Lecturas del mundo

Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta.



Mi misión de la alfabetización va más allá del ba be bi bo bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado.



El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas.



La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados "ignorantes" son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una "cultura del silencio".


Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra.





Paulo Freire
- pedagogo para el mundo -

jueves, 11 de febrero de 2010

Invenciones

me gustan los percheros
los collares
las remeras raras
los aros
pero no me gustaría ser maniquí


me gusta tu piel
el spray de tu aroma
el aroma de la tierra húmeda
pero no me gustan los kilómetros de humo que nos separan


me gusta que se caiga tu disfraz de malevo
el cuchillo de juguete
que aparezca el niño que sos
pero no me gusta que me mientas


me gusta el silencio vivo
las preguntas sin todas las respuestas
los barriletes con hilos largos
los juegos verdes
pero no me gustan los portazos secos de la mediocridad


no me gusta que le tiren piedras al sol


me gusta el helado de chocolate
los bombones con praliné
las rumbas
las panchitas
pero no me gusta el Apartheid

me gusta el pan casero
la pizza
el barro y el hornero
el horno de barro
pero no me gusta el Holocausto


me gustan las bombas de crema
los hongos de los sushis
las mezclas soñadas
pero no me gusta Hiroshima con su silencio blanco


no me gusta callar


me gusta que seas barco
que seas río
me gusta que no existan todos los mapas
porque los vamos a inventar

domingo, 7 de febrero de 2010

Intenso

Cuando los días son turquesas, cielo y agua se juntan en una línea quieta. Pero basta que una hebra de tu gorro se suelte y flote en el aire, que una partícula de piel caiga al mar, que pises un montón de nieve y te lleves una piedrita roja escondida en la suela de tus borcegos, para que una antena de krill reciba el llamado de alerta ante la llegada de un nuevo huésped. Y el fondo de las aguas comiencen su movimiento en ondas, casi imperceptibles. Cambien el viento, las mareas, las lluvias.
Tal vez un cormorán se asuste y se corra de roca. Una gaviota se agite y cruce a otra orilla. Un castor marque la rama que le guste. La corte y la lleve hacia su dique.
Es posible que cuando lo percibas te caiga una gota tibia. Corra. Caliente los lagos. Llegue a otro mar. Sea sal para una banda de caracoles que dormitan, golpee a la puerta de las perlas, se acurruque en un arrecife de coral.

Todo puede suceder. Es un día turquesa.



sábado, 30 de enero de 2010

lunes, 25 de enero de 2010

domingo, 10 de enero de 2010

Redes

La ves venir. Viene una marea negra y enorme. Unas pieles flotan en el mar. Con tu vista baja - pero larga - divisás grises, marrones, azules, a la altura de un cinturón oscuro. Y en el piso contás un sin fin de pisadas lustrosas. Olor a perfume importado. Pieles de pobres animales tapan el cuerpo de mujeres ricas. Pelos batidos como nubes de montaña. Carteras caras de cuero. Flores exóticas. Te llevan de un lado a otro, como olas en la tempestad. Y vos perdiste tu barco; cada vez te alejan más y más. Tenés los ojos salpicados de sal. Empapado tu saquito nuevo, tus zapatos de charol brillan sin encandilar.
El tiempo pasa movido por la marea. Pasa y no lo podés parar. Girás arrastrada por un embudo de gente. Levantás la cabeza por entre las olas de sus trajes y su ropa fina. No ves una sola puerta, ninguna salida. Piernas y más piernas te impiden el paso, como redes tiradas en el mar. Sos un pez pequeño boqueando en aguas empetroladas.
Alguien viene. Te toma de la mano. Te pregunta si sos vos.
Tus cinco años te alcanzan para no olvidar. Desde entonces, guardás en el bolsillo de la memoria tu pincel y el lápiz para dibujar. Una ventana, un pájaro. Otra mano.

lunes, 4 de enero de 2010

Boleto para viajar




Estoy sentada en mi banquito de madera verde manzana. Viajo en un árbol. Siempre viajo. Viajo en la pluma de un pájaro, en la escama de un dragón, en un grano de sal. De vez en cuando, puedo hacerlo en los giros de un bicho bolita, en el aire que mueve la abeja, en las incontables vueltas de una cucharita.

Y a veces, te toca viajar en colectivo. En el peor horario, con toda la humedad y el calor del verano. Con muchas bolsas cargadas y la mochila pesada. En el trayecto podés mirar por la ventanilla y ver pasar toda la basura. Y es posible que te saluden los colores sucios de la ciudad. La gente está ausente; abandonada en sus problemas y en sus histerias. Y vos no recordás otros rostros porque hablás con el alma que se sentó a tu lado. Te metés en un poema. En las caras del teatro y en los dados de imágenes de otra gente. Que se asusta. Que ríe. Que ama. Buceás en dibujos hermosos. Hablás de lo que no se aprende, de lo que se trae. De la osadía y la timidez de una semilla. De la adolescencia que no queremos dejar y del crecimiento que llega igual. Del círculo de la vida y de la muerte. De las pocas formas y de los contenidos. De los vacíos de salud que se llenan con pastillas. De los sueños, de las horas. Del orden, del azar. Del hola y de la ola.

Casi sin darte cuenta tenés que bajar. Estás en Medio Oriente. Paradójicamente, estás llena de paz. Entonces recordás que no tenías monedas para viajar. Pensás cómo viajaste. Quién dejó en tu bolsillo cinco centavos. Y algo más.